Pasaporte a Roma con visita express a Florencia y amigos del mundo.

Continuar hablando de un recuerdo de Enero se hace difícil con el calor que está haciendo en Madrid, pero ¡allá voy!

El frío que hacía en Florencia me impidió esperar la enorme cola que había para ver el David en la Galería de la Academia de Florencia. Creo recordar que había dos filas, os recomiendo que seáis previsores y compréis las entradas con antelación. Una pena que no pudiera entrar porque me costó encontrarla, aunque no era difícil. Está cerca de la Piazza San Marco, cruzando esta, llegas a vía Ricasoli y sabes que estas llegando por la gente que forma la fila de espera.

A cambio me metí en una cafetería a tomarme un buen chocolate caliente.

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Hablando de chocolate caliente, al llegar a Florencia, según salí de la estación de Santa María de Novella, bajas la calle hacia la Basílica Santa María de Novella y me tomé un chocolate caliente riquísimo en Shake Café. Un pequeño rinconcito de Florencia especializado en dulces en dónde puedes tomarte o bien algo frío o bien algo caliente, para tomar allí o para llevar y tomártelo mientras observas la increíble Basílica. Desde esta zona puedes seguir bajando hacia la Catedral Santa María del Fiore y ver el famoso Duommo de Florencia en la Plaza del Duommo. Aquí tienes que pagar por cada cosa que ves, si tienes tiempo y dinero genial. Si por el contrario tenéis que decidir entre una cosa u otra, por ejemplo es mejor subir a la torre o Campanario de Giotto para poder ver desde ella la cúpula de la Basílica y las increíbles vistas de la ciudad. Bajo mi punto de vista la Catedral es de las más bonitas por fuera, pero por dentro no la veo muy diferente a otras, por lo que si os queréis ahorrar dinero y tiempo, ya que se forman colas para todo, mejor. Cerca se encuentra Trattoria Za Za para comer algo más tranquilo o pasar por Gusta Pizza una vez que estéis cerca de Ponte Vecchio si lo que queréis es probar una pizza buena y de forma rápida.

Desde la Catedral se puede bajar directo hacia Ponte Vecchio por vía calimara, y siguiendo la ruta hacía abajo podéis ver el Palacio Pitti y sus alrededores.  Si se aprovecha el día y no visitáis muchos museos Florencia en un día, o día y medio se ve perfectamente.

En Roma no es que hiciera una temperatura mucho más calurosa, pero se estaba mejor en las calles, imagino que por su situación geográfica. Por lo que si vais a Florencia en invierno ir muy muy abrigados, y en Roma igual que cómo si fuerais vestidos en Madrid o Barcelona.

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Aún así, los guantes y la bufanda eran mis aliados, sobre todo la noche de nochevieja. Esa noche, fue mi primera nochevieja fuera de Madrid y sin la familia y amigos, quería pasar una nochevieja diferente a la habitual de cenar con la familia y salir después con los amigos. No obstante, no me sentí sóla en ningún momento. En el hostal conocí a mucha gente, cada una de un lugar diferente del mundo.

Las primeras noches, en la habitación estábamos un Francés, hombre de entre unos 30 y 45 años (soy malísima para las edades), un italiano de 24 años (sí, un Milanes que había decidido hacer un break en sus días eternos de trabajo, el chico era autónomo), una inglesa, la cual no tuve el placer de hablar con ella un rato (estuvo una noche), y una joven china, guapa y super sonriente, de 22 años (aunque parecía mucho más madura, vive en Dinamarca) que iba acompañada de su primo, de mi edad,25 años y que vive en China. Con ellos dos pasé mi nochevieja.

En la explanada del circo Massimo di Roma montaron un escenario gigantesco, con focos que formaban formas y lineas de luces, que se cruzaban y movían al ritmo de la música. Varias pantallas que mostraban imágenes que hacían o no referencia a la música con ilustraciones que aparecían y se fusionaban constantemente para dar forma a otras ilustraciones. Una vez que la noche iba avanzando, en la explanada se formaban círculos al rededor de miniespectáculos de magia, malabares, acróbatas, tragafuegos que amenizaban a las miles de personas que había allí. Todo ello acompañado por la música de un Dj. Y ahí estuvimos nosotros tres, rodeados de magia por todos sitios y de gente originarios de Roma o de otros lugares, turistas, que como nosotros fue a pasar un buen rato. Y en ese tiempo y lugar fue dónde aprendí a decir feliz año en chino a la vez que les enseñé a ellos a decirlo en castellano. El primo de la chica no sabía nada de inglés, pero con ella si que me comunicaba hablando el idioma internacional. Idioma que practiqué, no sólo con ellos sino también con otros japoneses o chinos que venían días más tarde al hostal, como a Yang. Un japonés con doble nacionalidad, que vive en Seattle y con el que otro día dí una vuelta por Roma de noche y conversando sobre cosas tan normales como si nos conociéramos de antes.

Roma de NocheDespués de cenar una pizza en un sitio que a él le gusto el día anterior, el cual no recuerdo el nombre, fuimos a visitar Roma de noche. Yang, en una semana que llevaba allí se conocía Roma al dedillo mientras que yo andaba siempre con la aplicación Here,, la cual me permitía visitar roma, sin datos y sin mapas enormes que molestan y luego no sabes doblar como estaban en un principio. Hay muchas aplicaciones de ese tipo, con las que te descargas el mapa de la ciudad que vas a visitar y mediante la ubicación te vas guiando sin necesidad de datos ni wifi. Ahora están empezando a quitar el roaming en la mayoría de las compañías telefónicas, pero si no te fías del todo siempre están ese tipo de aplicaciones.

Con Yang, di una vuelta por el foro romano y alrededores. Por la noche es mucho más bonito sin duda. Columnas, templos y arcos se levantan del suelo, rodeados de nada o de piedras, que iluminados recolectan un carácter tan imponente y a la vez increíble que no puedes dejar de mirar y capturar, bien en tu cámara o mejor en tu memoria.

Era la última noche de Yang en Roma, así que en el hostal entró gente nueva. En la cama de al lado, entró Florencia, maestra Argentina que había estado en Roma muchísimas veces y que compartía conmigo el gusto por la fotografía. Además me metió en la cabeza que en algún año de mi vida tenía que visitar La Patagonia, y así espero que sea.

En una tercera y última parte, o así espero que sea, os seguiré hablando de los últimos días de Roma y de todos los sitios que visité.

¡hasta el próximo pasaporte!

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