Pasaporte a las islas. 5 días en Mallorca sin pasar por Magaluf.

El 14 de Julio empezaron mis vacaciones, tres semanas por delante para desconectar y, lo que más me gusta, descubrir nuevos lugares, nacionales e internacionales. Ese mismo día cogía un vuelo a Mallorca, para pasar 5 días con amigos. Sé, que al decir con “amigos” estáis pensando en Magaluf y fiesta. ¡Siento decepcionar! Lo evitamos por completo. Hasta entonces no conocía la isla, pero no me llamaba la atención esa zona. Así que este post va sobre otras zonas de Mallorca, calas y pueblos con mucho encanto y vistas increíbles.

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5 días se pueden quedar cortos para visitar la isla al completo pero si tenéis coche (o alquiláis uno) y estáis dispuestos a no parar, tan sólo para mojarte el culo en alguna de las calas, puedes hacerte una idea completa de la riqueza y variedad de zonas de la isla. Llevar un picnic diario nos ayudó mucho para no tener que moverte de la zona en la que estuviéramos ya que algunas de las calas no tienen un restaurante o chiringo en la misma cala.

El primer día nos dirigimos a la zona de Formentor, para ir a la Cala Sant Vicent. De paso nos pillaba PollenÇa, un pueblito de casas de piedra y muchas tiendas “cuquis”, de ropa, tejidos, alimentación, hogar, etc. Desde ahí fuimos al Mirador de Sa Creueta o Colomer, muy cerquita y con unas vistas maravillosas para contemplar la anatomía de la isla. Como la cala a la que teníamos previsto ir en un principio tenía bandera roja nos pasamos a un plan B: Cala Figuera.

En general, las calas que visitábamos estaban entre montañas frondosas, rodeadas de bosques y desde las que contemplabas un paisaje que recuerda a veces a playas del caribe, por su agua cristalina y otras veces a playas italianas por sus barcos anclados y montañas verdes.

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El segundo día lo pasamos en Santa Ponsa, otra playa de aguas cristalinas, turquesas y calmadas. En esta playa, como tantas otras de Mallorca, se pmont hacer un montón de actividades. De camino vas observando la sierra Tramuntana. El Plan B en este caso era Es trenc, Sas Covetes.

Esa noche, después de un paseo por el centro de Mallorca, visita a la Lonja y fotos con fondo de la Catedral, pedimos cena en Urban sushi. Sé que el menú no es muy mallorquín, pero ultimamente el sushi me pierde. Había tiempo para probar la sobrasada o las ensaimadas típicas de la isla. Hablando de ensaimadas y cosas ricas, el tercer día desayunamos en la pastelería sa stació, en Palma de Mallorca. A parte de tener unas ensaimadas y tortas de locura, el sitio esta muy cuidado y el suelo de la entrada es de cristal para ver el obrador que está debajo. Ves en vivo y directo, como hacen la ensaimada que te has pedido. Una pasada.

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Después de coger fuerzas con el desayuno fuimos a pasar el tercer día a Soller. Antes de ir a la playa visitamos el pueblo, de nuevo formado por casas de piedra y muchas tiendas con productos típicos. Ah! Y una iglesia preciosa por fuera, que nada tiene que envidiar a la fachada de la Catedral de Palma de Mallorca. Aprovechamos y nos comimos un polo hecho de frutas naturales en Angel Agudo Fasion & Juices, de kiwi con mango, coco y fresa y maracuyá y mora Buenísimos!

El cuarto día teníamos ganas de marcha, así que fuimos a la playa de Alcudia, para practicar Paddle surf (aunque me quedé con ganas de hacer surf. En otro momento quizás os cuente uno de mis viajes a Cantabria en dónde estuve haciendo un curso de surf, conocí a gente de muchas zonas de fuera de España y del cual me llevo gratos recuerdos y gente maravillosa).

Volviendo a la playa de Alcudia, fuimos a esa playa porque nos asegurabamos poder practicar alguna actividad, pero fue la playa que menos nos gustó. Si era de aguas cristalinas, pero demasiado concurrida y de vez en cuando venían olores a agua estancada. Además se notaba el agua demasiado caliente y tranquila. Por lo que sólo pasamos la mañana allí y por la tarde nos fuimos a la playa de Mallorca.

Sin embargo, la mala sensación que nos llevamos por la mañana se nos quitó cuando por la tarde fuimos a ver atardecer a Cala Pi. Con nuestro picnic nocturno y unas velas, que con mucho cuidado pusimos en la arena (y que luego nos encargamos de quitar para no dejar restos de basura),  pasamos la noche viendo las estrellas en una cala, que aunque pequeña, es preciosa por su entorno. Se nos hizo tarde, pero mereció la pena. Nos falto un par de mantas para que ninguno de los cuatro pasaramos frío.

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El quinto y último día fuimos a otra increible cala, Cala Mondragó, situada dentro del parque Natural de Mondragó. Al lado de las dos calas principales, hay una piscina natural, entre rocas, que está más escondida pero que se llega bajando a la derecha por el camino principal que lleva a las playas, segun cruzas el parking. Nosotros tuvimos mala suerte y había demasiado oleaje como para meterse ahí, pero no descarto intentarlo de nuevo si vuelvo. Por cierto, si vais a estas calas, y quereis evitar pagar parking, podéis aparcar en las calles del pueblo que hay justo antes y sólo es andar un poco. En esa cala había un chiringo y un puestecito de frutas y estaba transcurrida por mas gente que no fueran turistas internacionales.

Para terminar ese día y el viaje, por la noche nos pasamos a ver el Marbella de Mallorca: Puerto Portals. Para mi gusto, demasiada ostentación, me quedo con los paisajes y la gastronomía de la isla

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