Pasaporte a Tailandia. Una ruta de dos semanas a prueba de Pad Thai.

A lo largo del año nos pasamos 11 meses trabajando y uno de vacaciones. Uno suena poco. Mejor vamos a decir cuatro semanas. Cuatro suena mejor que uno. De esas cuatro invertimos, una, generalmente y cómo mínimo, a la familia.

Tres. Son las semanas que en principio iba a guardarme para recorrer parte de Tailandia. Al final decidimos, yo y tres amigas más, invertir dos para prepararnos a comer todo el pad thai y probar todos los noodles posibles de lugares pequeños y grandes de Tailandia. El mejor sin duda, un plato de sopa de noodles que pedí en un puesto de la calle de Chiang Mai. Sí, habéis leído bien, he dicho puesto de la calle sin pronunciar diarrea

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Esta es una entrada, a modo de resumen del recorrido que he realizado durante dos semanas y también para hablar de los miedos y mitos que circulan como rumores de ciertos destinos, como este, y que voy a tirar por tierra. Por lo menos desde mi experiencia, y por supuesto, siempre siendo precavido (pero lo justo y necesario, que sino uno se pierde cosas de esas que luego merece la pena recordar y contar a sus nietos).

Miedo número 1: comer de los puestos de las calles. Para empezar este viaje lo primero que hice fue ir al centro de vacunación internacional (Aquí os dejo información sobre los centros de Madrid). Allí te explican las precauciones que debes tomar además de ponerte las respectivas vacunas (para Tailandia, no son ninguna obligatorias pero te recomiendan ponerte la Hepatitis A y tomarte VivoTif para la fiebre tifoidea). Pues bien, no quiero, ni soy quién para refutar las indicaciones de un médico, pero allí me recomendaron no tomar nada de puestos callejeros, y siento decir que me alegro no haber hecho caso, porque si no me hubiera perdido la mejor sopa de noodles que he probado hasta el momento. Quizás, la persona que me recomendó eso no sabría que las algunas o muchas de las cocinas de los restaurantes de allí también están en la calle, sólo que en patios traseros que la gente de a pie no suele ver.

3.jpgMiedo número 2: los monzones. Por lo general y en lo que estas dos semanas he podido ver, los monzones se dan todos los días, durante, aproximadamente, sólo una hora del día y por la tarde. El resto del día el calor y el sol son los protagonistas. Es decir, fueron lluvias soportables con un chubasquero no muy grande, ni preparado (soy de esas personas que suelen hacer todo en el último momento y me llevé lo primero que pillé). Por lo tanto, para ir a Tailandia, meter un chubasquero está igual de bien que meter un sombrero. Esto último no tiene que faltar. Así como tampoco un pantalón o falda larga y camisetas de mangas cortas para entrar en los templos.

Miedo número tres: perderse algún templo y tener la sensación de no haber estado en Tailandia. 

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Vayas dónde vayas hay templos, todos parecidos pero cada uno con su magia. LLegamos a visitar uno que tenía ilustraciones de las torres gemelas, mezclados con superhéroes como Batman o que recuerdan a personajes famosos de la historia, como . En el capítulo de Chiang Rai y Chiang Mai os hablaré de él.

 

Después de recapitular la información sobre las vacunas, preparar la mochila y comprar mucho Relec para que los mosquitos no nos picaran, concretamos la siguiente ruta:

2.jpgMadrid – Bangkok. Con escala en Abu Dabhi. Decidimos empezar por Bangkok porque era el vuelo que más económico nos salía en ese momento de ida y vuelta. Además era un buen lugar desde el que comenzar la ruta por ser capital y tener buena comunicación con otras ciudades más pequeñas.

Tres días en Bangkok nos dió para visitar sus templos y hacer excursión a Ayutthaya, un parque histórico formado por ruinas de antiguos templos y palacios.

Bangkok – Sukhothai. Otra ciudad que recuerda a las imágenes de Indiana Jones, formado por ruinas de templos antiguos, rodeada de selva y plagada de lagos y exóticas palmeras.

A pesar del caos del tráfico, para recorrer bien estas dos ciudades, cogimos una bici (Miedo número cuatro. El tráfico de Tailandia, el cual no voy a echar por tierra, pero sí que diré que merece la pena mirar la ciudad desde el punto de vista de dos ruedas)

Dos noches en Sukhothai, para después ir a Phitsanoluk.

Phitsanoluk – Chiang Mai. Por tren.

Un tren que duró una eternidad y sobre el que hay mucho que contar. Compramos el billete en 12goasia.com. 

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Cogerlo de día tiene la parte buena de ver el paisaje selvático a través del cristal. Hacerlo de noche tiene la parte buena de no perder horas para ver más cosas. No importa, lo disfrutamos igual. Coger un tren en Tailandia, sea la hora que sea, ya es una aventura por sí misma.

Chiang Mai – Chiang Rai. 4 días en Chiang Mai nos dieron para visitar cascadas, pueblos y tierras de Chiang Rai. Hasta llegar al famosos Triángulo de Oro. Nombre que se le da a la zona en la que se juntan (o separan, según cómo lo mires), los países de LAOS, MyanMar y Tailandia.

 

Para finalizar el viaje, desde Chiang Mai, cogimos vuelo hacia Surat Thani, en dónde un ferry nos llevó a Ko Thao, una de las muchas islas que forman el golfo de Tailandia.

En Ko Thao visitamos varias calas y playas, además de otras islas cercanas, perfectas para practicar Snorkel y Buceo.

Un viaje intenso con mucho que contar.

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Dos semanas dan para visitar Tailandia. Tres o más hubieran dado para mucho más.

 

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