Pasaporte a los Emiratos.12 horas en Abu Dhabi.

El vuelo a Tailandia hacía14 escala en Abu Dhabi. Teníamos casi 12 horas de escala que aprovechamos al máximo. A las 19:35 ya era de noche y cogimos un taxi para ir a visitar, quizás la mezquita más impresionante que he visto jamás, Sheik Zayed Grand Mosqué. Cerraba a las diez de la noche y había que entrar mucho antes para poder visitar la mezquita con tranquilidad. Allí son muy estrictos con los horarios por lo que no podíamos perder ni un segundo.Todavía no habíamos sacado Dirhams, así que acordamos con el taxista en pagarle con euros. Ibamos en un taxi miniband, que nos recordó a escenas de la serie Sexo en Nueva York. El calor a esas horas de la noche era asfixiante, tanto que según salimos a la calle las gafas de mis amigas se empañaron en dos segundos.

Una vez llegado a la mezquita corrimos a la entrada, nos quitamos los zapatos y nos pusimos una túnica que te prestan allí, azul para las mujeres pequeñas, marrón para las mujeres algo más grandes. Una entrada para los hombres y otra entrada para las mujeres.

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Dentro decorada con motivos vegetales, de oro, colores vivos, llena de cristales e iluminación, pero siempre con un fondo blanco puro. La mezquita es conocida por ser el edificio religioso con las lámparas más grandes del mundo. Y ahí estab

an, tan impresionantes como luminosas. Formada también por columnas blancas y gigantes.

En cuanto fueron las diez menos cinco nos avisaban de que iba a cerrar y que cogiéramos nuestros zapatos. Salimos y nos encontramos con nada al rededor, ni un taxi, ni nada parecido. A un grupo de andaluzas con las que cogimos el vuelo les ocurrió lo mismo y recurrimos a unos hombres que estaban sentados charlando con los, que parecían, de seguridad. Uno de ellos muy simpático y amable nos ayudó y llamó con su móvil a varios taxis para todos los que estábamos ahí. Es increíble como, dónde menos te lo esperas, la gente te echa un cable. No sólo con eso, mientras esperábamos al taxi, el mismo hombre que llamó al taxi nos trajo un zumo de mango para cada una. Nos dio la vida. No nos pidió nada a cambio. Simple generosidad. Increíble. Y no fue el único gesto de generosidad en el viaje de dos semanas, hubo muchos más que os iré contando en cada post. 

En el avión, nos recomendaron para cenar y tomar algo la zona de Yas Marina y Yas Island, pero teníamos que decidir algo rápido para volver al hotel a descansar. Fuimos a la zona de Corniche St., cerca del puerto y de la zona de rascacielos. Allí cenamos en una especie de lo que aquí en España se llamaría Kebab. En teoría, cuando llegamos ya estaba cerrado pero los camareros nos dejaron pasar y nos atendieron super bien. Pedimos pollo Tawok, Falafel y una especie de pizza con carne picada muy roja y queso. Sin saber por qué, nos regalaron un postre, que debe ser típico de la zona, parecido al turrón español, pero la verdad que mucho más rico y casero. 

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De camino al alojamiento nos llamó la atención lo árida que parecía la ciudad, la poca gente que había en las calles, sobre todo mujeres, no vimos muchas mujeres a esas horas, ni tampoco ninguna que condujera un vehículo. Y parecía una ciudad muy segura. Lo hablamos con el taxista y nos comentó que lo es. Había cámaras instaladas por las calles, en cada farola, carretera, taxi..etc, además de seguridad. 

A dormir. 3 Horas para coger el siguiente vuelo que nos llevara a Bangkok, la ciudad en la que comenzaría la ruta de dos semanas de viaje. 

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