Pasaporte a Bangkok. Primer día. Palacio Real y 5 Templos imprescindibles.

Un nuevo día en Bangkok nos esperaba. Nos levantamos pronto para desayunar y coger fuerzas para el día de pateada que nos esperaba. Nuestro primer objetivo fue el Gran Palacio Real de Bangkok, un conjunto de edificios que hacía las veces de residencia del Rey, al cual tienen bastante idolatrado vayas donde vayas.  El último se murió el año pasado y en cada calle hay una imagen de este acompañado de flores que ponen los habitantes y que sirve como lugar para rezar por él.39

Para entrar al Palacio se pasan por varios controles de identidad, revisión de mochila y de vestimenta. Esto último, quizás para ellos lo más importante. Falda o pantalón largo hasta los tobillos, manga corta o algo que tape los hombros y nada de transparencias o de telas semitransparentes. Para las chicas: los leggins no son considerados como pantalón, yo tuve problemas por pensar que esto pasaría por pantalón. Finalmente conseguimos entrar. La entrada cuesta 500 baths, que son unos 13 euros.

38.jpgEn el recinto conviven varios edificios, esculturas y monumentos. Todos adornados de azulejos, piedras y oro. Colores muy vivos.

El calor hacía mella. Dentro no había ningún puesto de venta de agua o similar, tan sólo baños (de los que no puedes beber agua). Entramos a estos para refrescarnos, pero nos faltaba una botella de agua. Recomiendo llevar siempre una en la mochila. El calor por las mañanas en Bangkok es a veces insoportable y muy molesto.

Al terminar la visita por el Palacio, andamos un poco por la ciudad hasta llegar a un mercado. En el mismo había puestos de pescado, carnes mezclados con otros que tenían unos snack típicos de allí. Estos snack son de pescado y tienen una textura crujiente. El olor era peculiar.

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Ya era hora de comer y cerca del mercado había una calle de restaurantes tailandeses. Antes de entrar a comer, y al salir del mercado, vimos que las cocinas de esos restaurantes estaban en plena calle, pero en un patio interior que desde la puerta del restaurante no se aprecia. Imaginamos que por el calor, “sacan” las cocinas fuera.

Comimos en un sitio que se llamaba Thai Wang, que nos encantó. Tanto que el último día que pasamos en Bangkok volvimos a comer y se lo recomendamos a un grupo de unos 20 andaluces. Era un sitio pequeño, así que contándonos a nosotras, el bar se llenó de españoles. Allí nos vimos en un bar de Tailandia como si fuera nuestra casa, rodeados de españoles. Los camareros eran encantadores y la comida genial. El Pad Thai y los Noodles de diez. De postre pedimos Mango Sticky Rice, un postre típico de la zona, que consiste en arroz frito con trozos de Mango y una salsa de coco por encima. La mezcla es brutal.

Al terminar de comer visitamos otro de los tantos templos de Bangkok, el Wat Pho. Se encuentra cerca del Palacio Real por lo que en un mismo día se puede visitar ambas cosas. En este se puede ver el Buda reclinado más grande de Tailandia. Recubierto de pan de oro con 46 metros de largo y 15 metros de altura se ha ganado el título con creces. Con estas dimensiones, la estatua ocupa todo el espacio del templo y tan sólo queda dos pasillos laterales para su visita y visualización.

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A la salida de este, cruzamos el río con un barco, por 4 baths/persona para ir a visitar los templos al otro lado Del Río, el Wat Arun, Wat Kalayanamit y Wat Ratchanatdaram. Como para aprenderse los nombres, bendito Google. En este lado Del Río en uno de los templos vimos algo que nos llamó la atención, similar a la tradición occidental de poner un candado en el puente Vecchio de Florencia o en el puente de Paris. Se trata de un montón de campanillas que colgaban de una estructura de alambre, todas juntas forman una cascada de campanillas. El proceso era parecido a las tradiciones comentadas,  (o eso creemos) coges la campanilla, escribes tu nombre o algo por lo que quieras pedir y tras colgarla junto a las demás haces sonar una campana grande que hay al lado.

Como cualquier otro día eran las 5 de la tarde pasadas y empezó a llover. Caminamos hacia la estación de trenes y por el camino pasamos por otro Bangkok que no habíamos visto, un Bangkok mucho más profundo, más verdadero. Mercados escondidos entre callejuelas casi sin entrada de luz, calles cortadas o sin salida… Cruzar las calles era una aventura.

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Era de noche y decidimos coger nuestro primer Tuk Tuk. Nos sentamos como pudimos y le pedimos al conductor que encendiera la radio. El Tuk Tuk llevaban incorporado luces que parpadeaban al ritmo de la música y con la poca estabilidad del vehículo y la música india que nos puso nos venimos arriba.

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